Atenció: El teu navegador no té suport per algunes funcionalitats necessàries. Et recomanem que utilitzis Chrome, Firefox o Internet Explorer Edge.

Andrea Viñamata

Escrits I ACTUACIONS DIVERSES.

  • 0
    Mecenes
  • 0
    mensuals
  • 0.0
    total

ALIVIO

Escrito realizado para la presentación de un concierto en contra de la violencia machista. Trata sobre la parte positiva de dar el paso de separarse, en este caso, del maltratador. No todas las historias acaban mal...
ALIVIO:

Son las cuatro y media. Salgo corriendo de trabajar y me voy directa al colegio a recoger a Pau. Llego cansada pero puntual. Hoy le he llevado una chocolatina de esas que antes jamás le daba porque estropean los dientes… 

Por suerte a Esperanza no la tengo que ir a buscar, tiene 14 años y he considerado que ya puede volver sola a casa caminando, junto a sus amigas y amigos, y si se retrasa un poquito porque se queda hablando con ellos, no pasa absolutamente nada, ahora ya no…

Llego a casa. Silencio absoluto. Paz. Es curioso, pero aun habiendo pasado ya casi un año de mi separación, cada vez que abro la puerta y sé que él no está dentro, esperando, siento un enorme alivio y una intensa sensación de calma, que no recuerdo haber sentido desde que era niña…

La cocina está por hacer, ayer por la noche estaba tan cansada que no la recogí, y no pasó nada malo! Ya nadie me exige que haga o deshaga, siento una extraña sensación de libertad a la que no me acostumbro, pero que me encanta. Hice la cena y me estiré en mi cama con Pau. Él se durmió, dulce, abrazado a mí, tranquilo, sabiendo que no pasaba nada malo por el hecho de estar junto a mí en la cama, sabiendo que podría dormir toda la noche sin despertarse, sobresaltado, con gritos, golpes, insultos. Pau tenía sus tiernos ojos de niño de 4 años cerrados. Yo lo observaba, como he hecho todas las noches desde que logré separarme, y veía, una vez más, su expresión de calma, esa expresión que todos los niños y niñas deberían poder tener en sus rostros cuando sus madres y padres los arropan entre las sábanas frescas y limpias.

Esperanza estaba en su cuarto. Desde que tiene ordenador propio, estudia más concentrada y con más ganas. No por el ordenador en sí, sino porque por primera vez en su vida tiene sus espacios de intimidad, libertad e independencia. Mi Esperanza… Se ha hecho mayor de golpe, ha madurado, y no ha sido por esos gritos frenéticos que antes recibía, no ha sido por verme ninguneada o por sentir que se le controlaba hasta el último detalle. Al contrario… Antes se trataba de una niña escondida tras la pared de lo que parecía indiferencia, pasotismo, una adolescencia que se preveía complicada y rebelde. Pero él se marchó. Y ella, al igual que yo, abrió un día la puerta de casa y respiró ese silencio, ese sosiego, se dio cuenta de que ahora sí que tenía un hogar en el que refugiarse, no una cárcel de la que huir cuantas veces mejor…

A veces, durante las largas noches en las que puedo dormir sin despertarme ansiosa constantemente, siempre con Pau a mi lado, noto que Esperanza se estira con nosotros y disfruta de lo que somos, una familia. Porque eso es lo que somos, una familia de tres, unida, fuerte, una familia que ha podido existir como tal desde el momento que fui valiente y abrí mis ojos, desde el momento que dejé de pensar en él, y empecé a pensar en ellos y en mí misma, desde el momento que me di cuenta que el amor de mi vida son mis hijos, soy yo misma, y que lo que él me daba no era amor, sino dolor, pena, angustia, nerviosismo, humillación, miedo… y no sólo a mí como mujer, sino a esos dos seres que se llevaron un trozo de mi corazón con ellos el día que nacieron. Ahora somos una familia, ahora podrán crecer bien, en paz, estables, y ahora podré crecer yo como mujer, como persona, porque yo me valgo por mí misma, porque me canso de ir arriba y abajo trabajando, ocupándome de la casa y cuidándolos a ellos. Sí, voy cansada, pero mi alma está más descansada que nunca.

Andrea Viñamata
27 Novembre 2018
Estem en fase Beta. Si tens qualsevol incidència, escriu-nos a info@aixeta.cat